18 de mayo de 2011

El amor nadie lo escribe. Hay que seguir el corazón.

Uno no dirige su propia vida, sino que es ella la que te dirige a ti. No se puede prevenir algo que te vaya a suceder, son cosas que la vida te tiene preparadas y que es imposible descifrar. En un segundo todo puede variar.

Un día conoces a alguien que piensas que es para ti, pero él no cree lo mismo. Tu intentas dirigir tu vida, que esa persona forma parte de ella de una manera y, sin embargo, resulta que forma parte de otra vida: no es lo que tu quieras que sea. En ese caso, no es la vida quien te dirige y toma decisiones. Es otra persona, como tú y como yo, la que lo hace. El destino, la vida misma, la que guía a la otra persona. Porque su vida actual ya está condicionada por lo que le ha pasado antes o por lo que él está viviendo ahora. La vida lo dirige a él y, de rebote, me dirige a mí.

El amor es como una batalla. Hay un objetivo por el que debes luchar y rivales a los que tienes que derrotar. Y, para eso, vale todo.

No se puede ser amigo de la persona de quien estás perdidamente enamorada. Es una ley no escrita y que muchos intentan disfrazar, pero eso no es una amistad sincera. Si quieres a alguien e intentas ser su amigo tarde o temprano explotará lo que llevas dentro. Buscarás más, porque no estás a su lado simplemente porque te cae simpático o compagináis bien, sino por el amor que sientes hacia él o ella y por la esperanza de que algún día, se dé cuenta de que eres el chico o chica de su vida.

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